mi subconciente ecléctico

miércoles, marzo 05, 2008

Vocación.

La palabra política, la ética de muchos, se ha relacionado desde siempre con el bien común, o más específicamente, con el gobierno (gobierno político), la administración del poder en beneficio de una comunidad.

En realidad, para el mexicano promedio, las palabras política y gobierno están mucho más relacionadas el día de hoy con robo, con suciedad, con deshonestidad; por supuesto éstos calificativos son racionalmente negativos, es decir, la gente sabe que así no debería ser el gobierno político, eventualmente inclusive nos podremos acostumbrar (nos dejará de sorprender enterarnos de ciertas cosas), pero lo cierto es que nunca nos dejará de parecer incorrecto que así sea; es decir, por más acostumbrados que estemos, esperaríamos idealmente que cada uno de los políticos y gobernantes se preocupara primero por el bien común, antes que por el personal. La escala de valores, en teoría, debiera ser la siguiente:
1. Mi comunidad.
2. Mi partido político (los valores que representa)
3. Yo y mis seres queridos.

Sin embargo, hoy casi todos podríamos asegurar que la escala de valores de la inmensa mayoría de los políticos es exactamente inversa, y muchas veces ignorando incluso los valores que presume el partido al que pertenecen.


El resto de los civiles, por otro lado, no sentimos, en general, una obligación hacia el bien común, debido a que no decidimos tomar esa carrera, nos preocupamos por hacer que nuestro negocio sea exitoso, o ir escalando puestos dentro de nuestro trabajo.

El punto es que si visualizamos a todos y cada uno de los servidores públicos como individuos independientes de la política, nos sería más sencillo comprender por qué (la mayoría) hacen su trabajo con la sola finalidad de acceder a mejores puestos y a más poder, lo cual deseamos en general el resto de los mortales en nuestros trabajos dentro de la iniciativa privada, entre otras cosas. Y es entonces que decimos, ¿para qué se dedican a ser servidores públicos si su principal preocupación son ellos como individuos (y su familia y amigos en todo caso)?

También algunos podrían señalar que ganan más, que tienen más prestaciones, que tienen acceso a información privilegiada y a trámites expeditos por el sólo hecho de ser servidores públicos y que ese extra debiera compensar el que se preocupen más por la comunidad a la que atienden que por ellos mismos; por el contrario, pareciera que el servicio público es el templo de la corrupción, aquella que va desde el oficial de tránsito que te ofrece una "alternativa" a la infracción hasta el político de alto rango que administra "favores". Esto no significa que la corrupción sea un mal inherente ni exclusivo del servicio público, los "compadrazgos" se pueden ver en muchas empresas privadas. La diferencia está en que la corrupción está conceptualmente más alejada del término "bien común" que del individualismo que carga inherentemente el sector privado.

Al final llegaríamos a un concepto que a mi me parece controversial y subjetivo, que es la "vocación". Idealmente quisiéramos que todos los servidores públicos tuvieran la "vocación de servicio" para poner por encima de sus intereses particulares, el de la ciudadanía; que renunciaran por ejemplo a muchas de las ventajas que les dan sus sindicatos de los mandos medios hacia abajo, que rechazaran vacaciones (que no tenemos en la iniciativa privada) con tal de trabajar más días por la ciudadanía. O en el caso de los altos puestos, que renunciaran a ciertas ventajas que les da el poder que tienen para por supuesto no transgredir libertades de otros o no beneficiarse directamente (o indirectamente con compadrazgos) con el erario público.

El punto es que cuando reconozcamos que esto no va a ocurrir, pondremos los pies en la tierra, cambiará nuestra percepción y comprenderemos que no podemos esperar mucho más del servicio público, entenderemos que si de todos modos el meollo del asunto se centra en un concepto tan subjetivo como la "vocación", más nos convendría privatizar los servicios públicos y no sólo eso, sino abrir el mercado para que al menos la competencia presione a dar un mejor servicio. Utópico y nihilista por supuesto, no pierdo la costumbre.

Analicémoslo ahora desde una perspectiva diferente; cuando hablamos de un sacerdote, asumimos que es una persona que no se preocupa por el individuo en primer lugar sino por un conjunto de feligreses que son su comunidad (en el caso de un papa, su preocupación sería toda la Iglesia). Asumimos que deseará el bien a su prójimo (cuando menos el bien que plantea la Biblia) y que difícilmente transgredirá la libertad de otros con la "facilidad" que lo hacemos el resto de los mortales. Entonces aparecen casos de sacerdotes que abusan sexualmente de menores y al común de la población le cuesta trabajo comprender. O mucho menos grave, nos cuesta a veces comprender que los sacerdotes tengan pareja, y muchos seguramente preguntarán, ¿entonces por qué se hizo sacerdote y dentro de una religión donde está prohibido que tengan pareja? Y de nuevo responderán muchos, los he escuchado, "es que no tenía verdadera vocación".

En ambas perspectivas estamos hablando de lo mismo. estamos idealizando a partir de un paradigma que debería haber cierto comportamiento menos egoísta por el sólo hecho de haber elegido cierta forma de vida. Y así como los servidores públicos tienen ciertos beneficios, los sacerdotes (católicos, hablando de México) también los tienen, no sólo cargan con el poder de impartir los sacramentos que pueden significar eternidades de paraíso o infierno para el resto de los mortales, sino que en esta vida mortal reciben cierto trato prioritario de la comunidad, particularmente en países como México, que tiene más del 90% de ciudadanos católicos (también lo he visto).

Pero de alguna forma olvidamos que también son individuos humanos que viven dentro de un sistema (capitalista y reprimido sexualmente, en general). Si recordamos esto, ¿no sería de esperarse que en el gobierno al menos haya tanta gente corrupta como en el resto de las funciones (del sector privado) que reciben una remuneración?; ¿no sería de esperarse que al menos haya el mismo porcentaje de violadores entre los sacerdotes que entre el resto de la población?

Si ya entendimos esto, les tengo malas noticias, ojalá fuera así. Desgraciadamente el ambiente del servidor público es la perfecta invitación a la corrupción, ya que hay un conjunto de condiciones que dan un premio superior a todos aquellos que deciden hacerlo, recordemos que "el poder corrompe, (y el poder absoluto, corrompe absolutamente)". Y en el caso de los sacerdotes, lamento decirles que un ambiente de represión sexual, es el perfecto anfitrión de las principales patologías psicosexuales. Así que dudo que los porcentajes no sean mucho mayores si se toma una muestra en estos campos y se compara con el resto de los ciudadanos.

Así que acostumbrémonos, que nos deje de sorprender, que nos parezca lógico y de esperarse éste tipo de comportamiento; que finalmente entendamos que el cambio debe ser a nivel sistema, el cambio debe ser en los paradigmas, poco se podrá hacer tomando medidas tradicionales, tendríamos qué trabajar más en la causa que meramente reaccionar al efecto.

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1 Comments:

  • Rudo y lógico. No comparto el final, a menos que lo haya malentendido. Creo que para que esos paradigmas cambien, es necesario que la gente que se los traga los cambie para sí, sin referirnos a crear esa utopía, sino en la conciencia de que el cambio está en uno mismo, sea de la materia que se trate. No opino del ámbito religioso. Me refiero específicamente a ámbito público. Y sí, las tentaciones y el ambiente seguro se presta, pero culturalmente hemos vivido en un país corrompido por ambiciones y pérdida de piso. Yo se lo atribuyo más un poco a la ignorancia y un mucho a la debilidad mental de las personas que acceden a puestos, y no digo importantes, a cualquiera, ¡hasta las secres salen luego cabreras! ¿Será difícil visualizar un mundo en el que en vez de estar chingando a Fox por comprar un hotel y hacer foxilandia, la gente pensara, que aparte de todo, el tipo trabajó y tiene derecho a seguir trabajando, a hacer producir lo que le costó un huevo (¿a poco es muy fácil ser presidente de este pueblo?)y dejar un legado a su descendencia? Yo creo que no, pero entonces entramos al primer conservador de paradigmas y artífice de nuevos, a partir de mentiras, subjetividad y falta de profesionalismo (no de vocación): los medios de comunicación. Un pueblo desinformado, es un pueblo enojado qu eno cree, que no coopera y que no exige. Si todos tuviéramos la información suficiente, muy a parte de nuestro derecho de acceso a la información pública, el mundo sería diferente. Un simple y grotesco ejemplo: si todos, conductores y transeuntes circuláramos por la derecha, esta nación habría tomado rumbos deiferentes.

    Un abrazo.

    By Blogger Jana Suro, at jue. abr. 10, 09:07:00 p.m. GMT-6  

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